historia 

LA LEYENDA LLEGA A LOS CLAUSTROS

 

Benita nació y creció entre batanes y guisanderas. Se despertaba con el canto de gallos colorados, cosechaba a pata cala los rocotos o los atados de alfalfa con los que alimentaba a esos cuyes gigantes como conejos,  y ordeñaba vacas rechonchas antes de partir a la escuela.  Se forjó, pues, en un contexto de picanterías de “adeveras”, como dicen los ccoritos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y como heredó la sazón de la madre y la abuela (5 generaciones), desde muy joven viene contribuyendo al rescate, revalorización y preservación de los potajes típicos y ancestrales de su querido Characato. Por eso, en su picantería vivencial se rescatan y utilizan insumos de su propia huerta o de la campiña. En este reducto de arequipeñitud se cocina al fogón de leños generosos, se trituran ajíes sobre un ancestral

batán de piedra, y se cuecen hierbas  aromáticas y medicinales mientras se escucha una jocosa chacarera.

 

Esta picantería sumerge a los visitantes, con honestidad y pasión desbocada, en una auténtica atmósfera de picantería de antaño mediante los cinco sentidos. Y la intención tiene raíces pues La Benita posee un amplio conocimiento gastronómico que le dejó su abuela, más conocida como “Las Pastoritas” y que la célebre canción de Los “Pacharacos” la menciona: “Vamos a Characato ande las Pastoritas a comer los ricos picantes y beber la chicha en caporal y cantarilla”.

El gusto es nuestro.

¡Bienvenidos a la leyenda de la cocina picantera arequipeña!

la picantería es el «útero grande donde recalan los arequipeños, donde se degusta los picantes, el yaraví y la chicha de guiñapo»

Isabel Álvarez, investigadora culinaria.